lunes, 30 de junio de 2014

Esa primera mirada






Si pudiera mirarte como esa primera vez. Descubrirte en la multitud. Adivinarte. Reconocerte. Sentir esa vorágine  de placer, curiosidad, excitación, sorpresa, ese leve mareo, esa sensación de languidez…
Si pudiera volver a mirarte como entonces… 
Superando todas las lentes deformantes que fui colocando, una a una, sobre esa primera imagen prístina.
Las lentes de la rutina, la rabia, la desilusión, el cansancio, las palabras duras pronunciadas  y escuchadas, el abandono, el descuido, la indiferencia, las pequeñas y grandes venganzas, las recriminaciones, el dolor, el miedo…
Y sin embargo, si comienzo a levantar una por una esas finas capas que parecen formar una pátina gris e invencible, estás aún en mí.
Como eras entonces. Como están todos los otros recuerdos, casi desde el día en que nací. Recuerdos de infancia, sueños, esperanzas, expectativas, imágenes queridas y atesoradas en mi corazón.
Estás. ¿Podré verte? Sólo si estoy dispuesta a separarme un poco. A moverme desde esta distancia cero que parece asegurarme que todo lo sé, alejándome  lo suficiente para comenzar a verte. A re-verte. A re-descubrirte. Renunciando a saberte, para poder conocerte. Renunciando a comprenderte, para tratar de  descifrar apenas una parte de vos. Sabiendo que se trata de una parte. Que nunca tendré el todo. Porque simplemente el todo es ilusorio. Y mentiroso. Enteramente mentiroso.
 La mayoría de nosotros cree conocer a su pareja en forma total, y que él o ella nos conocen a nosotros del mismo modo. Esther Perel cuenta que en sus entrevistas a personas de culturas diferentes , un fenómeno que vuelve una y otra vez es que la persona siente un súbito despertar de la pasión hacia  su pareja de muchos años después de un viaje, una separación, o simplemente cuando  llegó a una reunión y vio a su pareja conversando en medio de un grupo de gente, y logró de pronto  verlo como si se tratara de un desconocido. Pudo observar a ese ser humano como si no fuera el ser con el que convive: pudo detectar también el interés que despertaba en otras personas, que lo miraban, lo admiraban quizá… y esa sensación de que podría perderlo despertó la pasión adormecida  por la rutina.
Cuando observamos a nuestra pareja, creemos verlo con cierta objetividad, pero en realidad vemos solamente lo que queremos ver. Tratamos denodadamente de reducir la complejidad y la riqueza de su otredad , porque eso nos otorga seguridad. Es una maniobra que niega la posibilidad de la sorpresa, o quizá la de un temido abandono, 
Esa familiaridad de entrecasa que hemos creado parece protegernos del afuera. Estamos seguros de que nuestra versión de ese ser humano con el que convivimos es la única posible. A veces tenemos suerte, y se produce un encuentro , un reencuentro de luz con esa primera imagen atesorada y olvidada. Y a veces eso ocurre justamente cuando sentimos la velada amenaza de perder a nuestra pareja.Esther Perel escribió acerca de la "sombra del  tercero": la amenaza de la traición que vive a la sombra de toda pareja. También Adam Phillips, en su libro La monogamia dice que, para dejar de estar solos, tenemos que  ser dos, pero para ser una pareja, tenemos que ser tres.
 La pareja se define por el hecho de que se separa del tercero. Si crea una frontera, alguien tiene que estar del otro lado de la misma. Necesitamos distinguir entre lo que elegimos y lo que no elegimos. Real o imaginario, el tercero es el punto de apoyo sobre el que la pareja se balancea, la manifestación de nuestro deseo hacia lo que está más allá de nuestra relación. Es lo prohibido, y lo que hoy puede hallarse sólo en nuestro pasado. La pareja representa la resistencia a la intrusión del tercero. Para que una relación dure, es indispensable que tenga enemigos. La monogamia no puede existir como elección sin ellos. 
Acabo de leer una historia de Agnon: Las otras caras. En ella, Agnon cuenta la historia de una pareja que se acaba de divorciar.Al salir la mujer de la casa del Rabino, donde ha tenido lugar la ceremonia que puso fin a su matrimonio,  dos amigos  la esperan para salir a pasear con ella, y es claro que están muy interesados en desarrollar una relación amorosa con la nueva divorciada. Al salir el marido, se enfrenta con la escena, que lo sorprende y le desagrada,  e interpela a su mujer, como si aún estuvieran casados: “ ¿Con ellos te irás?” Y la mujer, en lugar de reclamar sus nuevos derechos en tanto mujer libre, los despide y comienza a caminar junto a su ex marido. Es a partir de la pérdida definitiva que los miembros de la pareja pueden descubrir que en realidad se siguen queriendo. La intrusión  del “tercero”, de esos otros que se  han convertido en posibles , en contrincantes con derechos, provoca la resistencia de la pareja, que no desea poner fin a su relación. 
Agnon hace referencia una y otra vez a las miradas, que se renuevan, que cambian, que permiten descubrir nuevos elementos, que modifican la percepción de la realidad.  Mijael, el hombre, contempla a su mujer con ojos nuevos, ve cosas que antes no veía, y también ve ahora en forma diferente cosas que antes le molestaban.
Mijael,  contempla a su ex esposa , Toni, “de una manera en la que no la había  contemplado ni la había visto durante largo tiempo”       
Toni también lo mira con ojos distintos, y puede así comprender las razones que provocaron el deterioro de su relación. Finalmente, Mijael puede también observarse a sí mismo con ojos diferentes,  y descubrir los errores que cometió y el egoísmo que había caracterizado su conducta como esposo a lo largo de los años.
Y todo ello sucede inmediatamente después de haber completado el proceso de su divorcio, cuando cada uno debiera comenzar a andar por un camino diferente , en busca de nuevos horizontes o quizá de una nueva pareja.
Es aquí, en este instante decisivo, cuando vuelven a sentir afecto, interés, emoción, pasión y mucha pena por lo ocurrido en su relación. Cada uno ve al otro con ojos distintos, descubre cosas que había olvidado, que había elegido olvidar… 

La pregunta es si podremos cambiar nuestra mirada antes de llegar al divorcio…


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